Implantes · 4 min de lectura

Implante o puente: ¿qué conviene cuando falta un diente?

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Si los dientes que rodean el espacio están sanos, en general conviene el implante, porque resuelve la falta sin tocarlos. Cuando esos dientes ya tienen coronas o arreglos grandes, cuando el hueso no alcanza o cuando hay motivos para no operar, el puente pasa a ser una muy buena opción. Para saber en cuál de esas situaciones estás alcanza con responder unas pocas preguntas sobre tu boca.

¿Tus dientes vecinos ya tienen arreglos?

Es lo primero que miramos, porque el puente se apoya justamente en ellos. Para colocarlo hay que hacerles una corona a los dos dientes que bordean el espacio, y eso obliga a rebajarlos. Si ya tenían arreglos grandes o coronas viejas, ese trabajo los aprovecha y no se sacrifica tejido sano. Si están intactos, se gasta esmalte que estaba bien y que no vuelve a formarse.

Con el implante esta pregunta casi no cuenta, porque los vecinos no participan del tratamiento y quedan exactamente como estaban.

¿Necesitás resolverlo pronto o preferís no operarte?

En este punto el puente tiene ventaja. No lleva cirugía y en unas pocas semanas el diente nuevo está colocado. Por eso lo sugerimos también cuando algún motivo médico hace aconsejable evitar una operación, o cuando necesitás tener el espacio cubierto en poco tiempo.

El implante se hace en dos tiempos. En el primero colocamos la pieza de titanio con una cirugía menor. El segundo llega algunos meses después, cuando el hueso ya la tomó con firmeza. Recién ahí se agrega encima el diente que se ve, que puede ir atornillado o cementado.

¿Qué muestra la radiografía?

Un implante necesita hueso suficiente en la zona y una encía sin enfermedad activa. Las radiografías nos dicen cuánto hueso queda. Cuando es poco, el camino al implante empieza por un injerto, que suma una etapa al plan. Hay personas que prefieren no agregar esa cirugía, y para ellas el puente es una salida razonable.

El hueso también cuenta pensando a largo plazo. El implante transmite al hueso la presión de cada mordida, y eso lo ayuda a mantenerse. En el lugar del diente perdido, un puente no tiene nada dentro del hueso, y esa zona se va afinando de a poco con los años.

¿Cómo se cuida cada uno?

Si elegís un puente, vas a sumar un hábito a tu limpieza diaria, que es pasar un enhebrador de hilo o un cepillito especial por debajo del diente del medio. Ahí se junta placa y el hilo común no llega. El implante, en cambio, pide el mismo cuidado que un diente propio: cepillo e hilo todos los días, prestando atención a la zona donde la corona se une con la encía.

También conviene pensar qué pasa si a uno de los dientes de apoyo le aparece una caries o se fractura. Como el puente es una sola pieza, lo habitual es retirarlo entero y hacer uno nuevo. El implante no está atado a ninguna otra pieza, así que un problema en un diente vecino se atiende por separado.

¿Cómo lo decidimos?

No se puede definir a distancia. En la consulta revisamos los dientes que rodean el espacio y la encía, y con radiografías medimos el hueso. Con esa información te explicamos qué ofrece cada opción en tu caso. Si lo que más te conviene es un puente, bien diseñado dentro de un plan de rehabilitación oral es un trabajo fijo que te dura muchos años. Si el hueso lo permite, te mostramos cómo serían las etapas de los implantes dentales para vos.

Si tenés un diente para reponer y querés comparar las dos opciones en tu propia boca, reservá una consulta y lo vemos juntos con radiografías.

¿Qué dura más, el puente o el implante?

Con buenos cuidados, los dos se mantienen muchos años. La diferencia es que el puente depende de que sigan sanos los dientes que lo sostienen, mientras que el implante no se apoya en ninguna otra pieza.

Perdí el diente hace años. ¿Todavía puedo hacerme un implante?

Sí. Lo que hay que revisar es el hueso, que con el paso del tiempo se va reduciendo en esa zona. Si ya no alcanza, se puede recuperar con un injerto y después colocar el implante.

¿Y si me faltan varios dientes seguidos?

En ese caso se combinan las dos ideas. Colocamos dos o más implantes y sobre ellos fijamos un puente, así no hace falta rebajar ningún diente natural. Es una solución frecuente dentro de la rehabilitación oral.

Tu próxima sonrisa empieza con una buena consulta.

Después de evaluarte te damos un plan detallado por escrito, con plazos y costos, y te explicamos cada alternativa.